Camarón por sevillanas

Camarón de la Isla

Monumento a Camarón de la Isla (La Línea de la Concepción)
(A partir de una foto de Daniel Téllez Sabán CC BY-SA Wikipedia)

En verano culmina en Andalucía la temporada de las ferias, comenzada en abril en Sevilla. Con ocasión de estas fiestas populares, cuyo escenario va desplazándose por prácticamente todas las ciudades y pueblos andaluces, las plazas y las calles se llenan de música y de baile.

Recuerdo que cuando llegué a España, hace ya casi veinte años, en las ferias sólo había un tipo de baile durante horas y horas, muy raramente interrumpido por otros ritmos. Las sevillanas estaban de moda con una fuerza tan grande que no sólo eran las protagonistas incuestionables de la Feria de Sevilla, sino que habían desplazado totalmente los bailes típicos de las otras provincias y localidades de Andalucía, que, pasadas dos décadas, todavía no han conseguido hacerse un espacio dentro de sus lugares de origen.

Entre las consecuencias más importantes de ese período de gran popularidad quiero destacar dos, una positiva y otra negativa: la positiva, además de muy personal,  fue que me apunté a clases de sevillanas; la negativa fue la proliferación de un montón de sevillanas del montón (valga la redundancia) compuestas e interpretadas en serie y sin la más mínima originalidad por personajes cuyos nombres es preferible omitir. Todo eso ha causado cierto desprestigio de las sevillanas dentro del mundo flamenco, hasta el punto de que muchos aficionados y ciertos flamencólogos les niegan el derecho a ser consideradas un palo flamenco, relegándolas a la única condición de baile regional. Una simple búsqueda por la Red demostrará que la polémica todavía no está resuelta y las dos tesis conviven en la actualidad.

Personalmente estoy convencido de que las sevillanas sí tienen que estar en el árbol genealógico del flamenco. Más que palabras, voy aportar un sólo argumento de mucho peso: la voz de Camarón de la Isla, uno de los más grandes cantaores de la historia, fallecido hace exactamente 18 años, acompañado al toque por Tomatito, cantando Mi barrio/Dame la mano/Toma que toma/Pa qué me llamas prima, sevillanas compuestas por Isidro Muñoz y José Miguel Évora, hermanos de Manolo Sanlúcar.

En esta interpretación, extraída de la película Sevillanas de Carlos Saura, podemos disfrutar de la variedad de matices expresivos del cantaor, que va del pianissimo más sugerente al grito más desgarrado, y del virtuosismo del guitarrista, que complementa de manera perfecta el cante, ajustando la armonía y el ritmo hasta al más pequeño de esos matices.

Desde luego, una excelente interpretación puede dar vida a una obra vacía, pero no es este el caso: baste fijarse en su riqueza armónica, que culmina en la última copla con un brusco cambio de registro, conseguido a través de una modulación inesperada, y una nueva melodía.

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  1. Hermes Contestar

    Felicitaciones por la aportación audiovisual sobre Camarón. Muy divulgativa su entrada.

    Pero no observo argumentación de peso para afirmar que las sevillanas deban estar en el “árbol genealógico del flamenco”.

  2. Massimo Pennesi Contestar

    Te agradezco el comentario y las felicitaciones, Fernando (espero que no te importe el tuteo, trato que prefiero utilizar en este blog, máxime para dirigirme a un estimado colega).

    Por otro lado, me sorprende que me pidas demostrar algo que no es una afirmación arbitraria mía, sino un hecho comprobado y consolidado: las sevillanas están ya en el árbol genealógico del flamenco. Todos los que he podido consultar incluyen, sin excepción ninguna, las sevillanas como una rama más. Aquí tienes tres ejemplos: 1, 2 y 3.

    Tal como he intentado explicar en la entrada, ciertos estudiosos y apasionados del flamenco quisieran excluir este palo, negarle su esencia flamenca, basándose sobre todo en la inflación de producción comercial de un período concreto, argumento que de ninguna de las maneras puede considerarse como válido. En realidad son éstos los que tienen que aportar argumentaciones sólidas que justifiquen la simbólica tala de esa rama del árbol (o de cualquier otra rama que se les ocurra cortar por la razón que sea); mientras tanto, las sevillanas seguirán estando en ese árbol, pero no porque lo diga yo, sino simplemente porque están. Dicho de otra manera: la vida es demasiado breve para tener que demostrar lo que ya ha sido demostrado por otros o que, siendo aceptado de manera general, no haya sido refutado con argumentos válidos.

    Hasta que se produzca esa refutación, a los que estamos convencidos de que las sevillanas sí son flamenco y no vemos razones para quitarlas del conjunto de palos que lo conforman, nos basta con indicar unas buenas muestras de sevillanas flamencas, como las contenidas en esta entrada.

  3. Hermes Contestar

    Estimado profesor:

    He querido suponer que no se trataba de una “afirmación arbitraria” suya; tan sólo que no había una fundamentación detrás de tal afirmación. Hablamos de forma y no tanto de contenido. En su respuesta a mi observación ya determina alguna propuesta para reafirmarse en su idea, aunque, desde mi punto de vista, sigue sin ser concluyente. Y ¡ojo! mi postura ante este dilema es intermedio y por ende, en la búsqueda de pruebas definitivas.

    Fíjese en la propia definición que se aporta sobre la voz “Sevillana” en la página web que usted proporcina. Observe incluso la definición que propone la RAE en su tercera acepción, al igual que otras fuentes didácticas que todos conocemos. Esto hace pensar en una solución intermedia, aunque personalmente conozca figuras emblemáticas de la flamencología que estén en contra de su inclusión. Pensemos en canción folclórica aflamencada…

    Indudablemente, estoy muy de acuerdo con usted sobre la gran importancia que le damos en bastantes ocasiones a las argumentaciones. Pero ¡cuidado! sería ir en contra de la curiosidad humana toda afirmación que se realice sin las suficientes pruebas determinantes, y que, por tanto, promueva esos valores tan afamados de hoy día. Véasen afirmar con dogmas de fe, valorar sin aportar, criticar por criticar, entre otros.

  4. Massimo Pennesi Contestar

    No entiendo pero respeto su rechazo al tuteo, por lo que, muy a mi pesar, volveré al usted.

    Aunque la consulta de esa voz del DRAE le haga pensar a usted en una solución intermedia, a mi no me ocurre lo mismo por dos razones.

    La primera es que ese diccionario no es un referente musicológico sino lingüístico. Sólo por aportar un ejemplo de lo inadecuado que puede resultar su empleo más allá de su utilidad principal, veamos su definición de cante flamenco, que obviamente me niego a tomar en serio: “El andaluz agitanado.”.

    La segunda es que si aplicáramos el mismo criterio a otras entradas de esa publicación, p.e. fandango, bulería, soleá, martinete, petenera, etc., nos encontraríamos sin palos flamencos, con un árbol genealógico formado por un tronco sin ramas. De repente, todo el cante flamenco estaría detenido en ese desdibujado limbo de “canción folclórica aflamencada” a la espera de un juicio final.

    Sin embargo, esa “postura intermedia” es difícilmente sostenible: el flamenco, en el sentido estricto del término, es un género relativamente reciente pero sus raíces son bastante antiguas, y la mayoría de los palos flamencos tiene su origen en cantos folclóricos anteriores que se “aflamencaron” sin que ésto ponga en duda el ser flamenco, p.e., del fandango o de las alegrías.
    En cuanto a los cantes de ida y vuelta, p.e. el tango, la guajira o la colombiana, de los que el DRAE sólo recoge su acepción americana, ¿qué le parece si empezamos por demostrar su existencia?

    Con el diccionario de la lengua elevado a autoridad musicológica, antes de atrevernos a afirmar que las tarantas o las farrucas son palos del flamenco, deberíamos encontrar “suficientes pruebas determinantes”, para no ser acusados de “afirmar con dogma de fe, valorar sin aportar, etc”.

    En fin, si no queremos caer en la tentación de “criticar por criticar” que usted mismo indica, es necesaria una mejor selección de las fuentes en las que apoyamos esas críticas (tampoco le atribuiría yo demasiada autoridad a las “fuentes didácticas” justamente porque todos las conocemos) y, sobre todo, es imprescindible una actitud más constructiva.

  5. Hermes Contestar

    Estimado profesor:

    Tengo por costumbre utilizar el usted cuando no tengo el gusto de conocer a alguien en persona. Así que no se tome a mal dicha situación. Gracias.

    Por otro lado, le vuelvo a recordar que hablamos de formas expositivas y no de contenido. Eso sí, parece que ahora dicho contenido sí comienza a enriquecerse y abarca además, a dicha forma (compare su entrada con la información que aporta a raíz de mis comentarios en busca de argumentaciones que defiendan su apasionamiento por el “sí”).

    Igualmente me resulta curioso cómo usted se siente criticado cuando sencillamente prosigo en la búsqueda de pruebas que me decanten por un lado o por otro. Y sigo sin encontrarlas a la vista de lo propuesto. Por ello, me seguiré quedando en la postura intermedia, (y tal vez neutral, como el DRAE o inclusive la definición que aparece en la página web de “triste y azul”) a sabiendas que no hay argumentaciones ni referencias musicológicas determinantes. Por ello, estoy totalmente de acuerdo con el último párrafo situándose, por lo observado, en ambos lados.

    Gracias por su intento. Disculpes las molestias. Saludos.

  6. Massimo Pennesi Contestar

    No hay por qué disculparse.
    Un saludo.

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