Dos rondós a la turca

Al igual que muchos de sus contemporáneos, Mozart también sucumbió a la exuberancia y la vitalidad de las bandas militares turcas, sobre todo las de Jenízaros, la guardia personal del sultán otomano. La riqueza tímbrica proporcionada por la gran variedad de instrumentos de viento metal y de percusión, todavía poco empleados en las orquestas occidentales, junto con algunas características rítmicas y melódicas, como la reiteración de pasajes rápidos y muy ornamentados, fueron algunos de los elementos musicales en los que se inspiró Mozart para su primera ópera en alemán, El rapto del serrallo (Die Entführung aus dem Serail).

Mozart compuso más obras influenciadas por la música turca, por ejemplo el Concierto nº 5 para violín, cuyo tercer movimiento tiene una extensa parte central rica en elementos musicales como los citados arriba e incluso llega a tener algunos efectos especiales, como un Col legno (con la madera [del arco]) de violonchelos y contrabajos imitando las percusiones otomanas.

Hay otra obra turca del compositor salisburgués que es todavía más conocida: el rondó de la Sonata nº 11 para piano, también conocido como Alla turca o también Marcha turca. Para que mis alumnos y alumnas puedan apreciar mejor su forma distinguiendo las diferentes frases, les he preparado un vídeo con un musicograma que comparto aquí hoy, en el día del 222º aniversario de la muerte de Mozart.

Por una de esas coincidencias de las que está lleno el mundo, existe otro rondó alla turca de otro músico que también falleció un 5 de diciembre, hace tan sólo un año: Dave Brubeck.

Al igual que en Take five!, la obra que comentábamos aquí en el día de su muerte, el ritmo principal de su Blue Rondo à la turk ―que envuelve una sección central en 4/4― está basado en un compás de amalgama: se trata de un aparentemente sencillo 9/8, cuyos acentos sin embargo se desplazan de su posición normal formando una secuencia de 2 + 2 + 2 + 3 en los primeros tres de cada cuatro compases.

Blue Rondo à la Turk

El título de esta pieza de 1959 no quiso ser un guiño a Mozart y la similitud fue sólo otra coincidencia, algo que parece que el mismo Brubeck lamentó muchos años después por la confusión que puede crear, llegando a decir que quizás hubiera sido mejor llamarlo simplemente Blue Rondo. Hubiera sido una pena pues la esencia de esta fascinante pieza está en Turquía, justamente por esa estructura rítmica que Brubeck escuchó a un musico callejero turco.

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